Una odisea fácil para Arthur Clarke

El científico se sentía preparado para construir sus propias invenciones siendo muy pequeño y, a pesar de acudir a buenos colegios y atender a una carrera  profesional prometedora, nunca dejó de lado su aprendizaje por cuenta propia.

Clarke se crió con una buena formación del King’s College de Londres y mantuvo un buen nivel de vida a lo largo de su trayectoria profesional, pero con esto consiguió fomentar aun más su curiosidad y sus ganas de seguir aprendiendo. 

Con pocos años Arthur C. Clarke construyó su propio telescopio para no perderse las vistas espaciales de la Luna y estaba tan pegado a la ciencia y a su pasión por lo científico que siempre renegó de creer en algún tipo de religión. Por otro lado, no abandonó su ilusión por la escritura. Sus obras se caracterizaban por plasmar lo utópico a través de las obras de ciencia ficción, sin alejarse del lado humano del planeta y, por supuesto, del rigor científico.

A pesar de haber reunido las mejores educaciones y ser una persona entregada a la ciencia, la fama no llegó a él hasta los años 70 cuando se hizo comentarista profesional de las misiones Apolo de la NASA y cuando Stanley Kubrik versionó su novela en el cine, “Una odisea espacial”.

Arthur C. Clarke abandonaba este mundo en el año 2008 ¡con 90 años!, pero en ITTI HIGH TECH INSTITUTE hemos seguido el legado que ha dejado: la confianza que depositaba Clarke en la tecnología para promover el conocimiento científico que podía alcanzar cualquier ciudadano y, sobre todo, el aprendizaje continuo que le llevó a ser una persona tan longeva.

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